Ayer comenzó con la noticia de que la aseguradora británica Admiral planeaba mejorar el cálculo de sus precios usando datos de apps recopilados de la plataforma de Facebook. The Guardian publicó un artículo que destaca algunos de los riesgos aparentes de usar estos datos. A las tres horas del lanzamiento del servicio, Facebook ya había bloqueado el plan.
A pesar de la atención que ha recibido, el debate posterior suele plantearse de forma equivocada. Facebook tiene muchos datos valiosos sobre las personas, y está claro que esa información debe protegerse y usarse solo con transparencia y permiso. Pero no se trata de que Admiral conspire para aprovecharse de los datos de los usuarios mientras Facebook defiende sus derechos: los hechos son otros. Lo que está en juego aquí no es si una aseguradora puede usar estos datos, sino si quienes controlan cómo se usan sus propios datos son las personas o Facebook.
Como escribió el año pasado Julia Powles en The Guardian:
Privacy is about having decisional power, control, over which acts and events of our lives are disclosed and to whom, free from the prying eyes of states, corporations and neighbours. Privacy affords us the freedom to develop ourselves in the world.
A lo largo de los años, Facebook ha recopilado la información de los usuarios de forma sigilosa y gradual, a menudo de maneras poco claras. «Confía en nosotros», sugirió célebremente su fundador, Mark Zuckerberg. En este caso, un tercero intenta innovar y pregunta a los usuarios si quieren compartir de buen grado los datos que Facebook ha recopilado sobre ellos. La postura de Facebook no protege la privacidad de los usuarios, sino que frena la innovación y garantiza que sea la única empresa que use los datos de una persona para prestar servicios. Al fin y al cabo, Facebook ya tiene su propia patente sobre el uso de estos datos para puntuar la solvencia de los usuarios y explora cada vez más otras formas de monetizar los datos personales a medida que los ingresos publicitarios decaen.
Al plantear este servicio, Admiral busca innovar de una manera que puede beneficiar a los consumidores. No proponía recopilar datos sin el permiso del usuario: se preguntaba a los usuarios si autorizaban el análisis de sus datos para aprovechar el servicio. Los defensores de la privacidad censuran la recopilación de estos datos, pero Facebook, una empresa que ha luchado por construir un enfoque sólido y coherente de la privacidad de los datos, ya los había recopilado.
Estos datos pueden tener muchos usos positivos: desde proteger a las familias y hacer accesibles los productos de seguros hasta ayudar con el diagnóstico proactivo y detectar sesgos discriminatorios. En un mundo en el que las personas instalan bloqueadores de anuncios para evitar que se capturen sus datos sin transparencia ni compensación, que Admiral pida permiso y ofrezca un beneficio a cambio parece un paso adelante saludable. Como afirmó la Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido (Information Commissioner’s Office):
The law says that the use of personal information must be fair. A key part of that fairness is ensuring that people are informed about how their data will be collected and used.
Cuatro grandes empresas tecnológicas estadounidenses (Alphabet, Amazon, Facebook y Microsoft) capturan y explotan datos de personas de todo el mundo cada vez más. Quienes se posicionan en contra de iniciativas como la que propuso Admiral no están realmente en contra de que Facebook comparta estos datos con el consentimiento del usuario: están en contra de las empresas tecnológicas que recopilan estos datos desde el principio. Sin embargo, al criticar los planes de Admiral ayudan a Facebook a afianzar su control sobre los datos de los consumidores en un mundo donde una cantidad desproporcionada de datos y poder está en manos de unos pocos. ¿Deberían ser solo las inexpugnables empresas tecnológicas que gestionan plataformas las que puedan crear valor con estos datos?
La misión de Reincubate de dar acceso a los datos de estas plataformas y ecosistemas de apps puede ayudar a que las personas los aprovechen de forma abierta y positiva. Es mejor que estos datos se usen con transparencia y consentimiento, como parte de un debate informado sobre su valor, y que el valor que generan lo compartan y lo controlen las personas que los crearon.







